lunes 1 de febrero de 2010



El poder de convicción de un niño-cliente



Cuando un niño accede a una tienda de animales, un mundo se abre frente a él. Descubre montones de animalitos que están ahí para aumentar su curiosidad acerca de los pobladores del planeta que habita. Además, se topa con una persona vestida de manera diferente que puede responder a TODAS las preguntas que puedan surgir.
Recuerdo aquella última hora de trabajo antes de marcharme a casa. Llegaron a mi sección dos niños y una niña bastante inquietos. Los niños eran rubios, con el pelo a tazón. Podría decir, y seguramente no me equivocaría, que llevaban dos flanes en la cabeza. La niña era más espigada que sus hermanos, y de aspecto más sabiondo. Yo sifonaba (limpiar el fondo de un acuario con un sifón) pacientemente contando los minutos que me quedaban para marcharme a casa, mientras un agua oscura salía a través del sifón dada la gran cantidad de materia orgánica que albergaba la pecera. De repente, la niña decidida se acercó a mi lado para preguntarme qué hacía -estoy limpiando el acuario-respondí con desgana. -¿Te gusta limpiarlo?- volvió a preguntar. -No, no me gusta-dije tras pensar brevemente la respuesta. -¿Y por qué lo haces?. añadió.
No sé cómo lo hizo la mocosa, pero consiguió poner en duda toda mi existencia. Acababa de descubrir que me encontraba haciendo algo que no me gustaba. Estaba limpiando suciedad, succionando a través de un tubo enegrecido para que saliera agua putrefacta a un cubo. Olía mal y estaba cansado de limpiar durante toda mi jornada laboral excrementos y otras lindezas. Por unos momentos me planteé dejar el trabajo, pero pronto agaché la cabeza y seguí apurando los minutos que me faltaban para marcharme a mi casa.